MENTE

PUBLICACIÓN DEL LIBRO JARDÍN DE CONSCIENCIA

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JARDIN DE CONSCIENCIA LIBRO 3D

Fue en la primavera de 2014 cuando tuve una serie de experiencias personales que me llevaron a escribir este libro, ensayo, documento, texto… síntesis de ideas.

Estas experiencias personales luego comprendí que no eran más que lo que se denomina “estado alterado de consciencia”. Durante una semana viví conectado a otra realidad distinta a la que estaba acostumbrado a percibir. En este nuevo paradigma tuve experiencias que trascienden a lo tangible, a lo material.

Tuve la comprensión que esta realidad material no es más que otro de los infinitos sueños que procesamos durante la noche. Una posibilidad hecha materia desde la sincronización de todos los inconscientes individuales junto a la consciencia universal.

En esta realidad material todas las emociones humanas (básicamente de supervivencia) junto a la universal (básicamente el amor) se sincronizan produciendo el colapso de la función de onda, el colapso del campo cuántico en una de las infinitas posibilidades. Como todos estamos conectados a esta posibilidad a través de nuestras emociones, por resonancia, lo llamamos realidad percibida. Yo prefiero llamarlo sueño compartido o ilusión compartida.

Cuando uno tiene este tipo de experiencias en su vida, experiencias más cercanas a lo espiritual que no a lo material, se empieza a hacer preguntas y cuestionamientos acerca de qué es la vida y cuál es su sentido o propósito. Uno empieza a buscar respuestas a las preguntas, y de ahí surgen nuevas preguntas que buscan más respuestas…

Entonces me lancé a una alocada lectura de libros para elevar mi nivel de consciencia, para poder encajar de una forma razonable que la vida no es más que un sueño y el universo material el teatro donde se escenifica la experiencia.

Sí, ahora puedo afirmar que el mundo tan sólido que percibimos no es más que una ilusión, y esto es así porque en ese estado alterado de consciencia, me podía tragar la materia: esta se vaporizaba como si nunca hubiese existido. Me estaba comiendo el sueño, mi sueño, nuestro sueño, me estaba comiendo la realidad tan sólida en apariencia… Mi realidad material no era otra cosa que humo, más nada.

Al terminar con la lectura de todos esos libros, mi mente se quedó más tranquila, más relajada. Ya tenía las respuestas y también un montón de ideas nuevas hirviendo en mi cabeza. Fue “mi despertar”.  Ahora seguía soñando, pero despierto, consciente que la realidad material no era más que un sueño más.

“Jardín de Consciencia” es una siembra de nuevas ideas, aunque quizás se trate solo de un despertar de viejas ideas que habíamos olvidado… es una siembra de semillas en el inconsciente colectivo para que todos podamos ser esa maravillosa flor en el jardín de nuestra experiencia de vida (y no mentes cerradas como capullos esperando florecer). Y esta idea cobrará todo su sentido cuando lleguen al último capítulo del libro.

Les deseo una feliz lectura, y que se permitan una apertura de mente donde se cuestionen un poco su realidad actual, para acercarse al pensamiento cuántico: todo es posible.

Esta es la idea que ha posibilitado el nacimiento de SENSUS VITAE.

Ricard Badia

 

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EL ESTRÉS, MECANISMO DE SUPERVIVENCIA

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Definición

El estrés es un conjunto de reacciones biológicas y psicológicas que nos preparan para reaccionar ante el peligro.

De esta definición deducimos que el estrés tiene un origen mental, en la psique del individuo y esto activa su biología, activa una respuesta biológica concreta. Entonces tenemos que hablar de varios protagonistas y para ello vamos a seguir este orden: analizaremos en primer lugar que sucede a nivel biológico, para luego explicar que sucede a nivel mental, a nivel cerebral. Finalmente hablaremos de la parte emocional que se esconde detrás del estrés.

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A nivel biológico, el cuerpo, reacciona activando el sistema de defensa que puede ser la huida o la lucha, para protegernos ante un peligro. Este es por tanto un mecanismo de supervivencia que ancestralmente hemos desarrollado y aprendido, es una estrategia arcaica para garantizar la continuidad de la especie.

Si nos trasladamos a la prehistoria, cuando el ser humano vivía en la caverna y salía a cazar por la estepa, ante la amenaza de ataque de un león el cuerpo se preparaba para huir o luchar: era una situación de peligro inminente, de vida o muerte. Ante esta situación se activaba el sistema biológico de lucha o huída, aunque también cabía la posibilidad de hacerse el muerto y pasar desapercibido. La respuesta que cada uno escogía en esta situación de peligro dependía de si se consideraba presa o depredador de ese enemigo, de ese animal salvaje. Si era presa, tocaba huir o hacerse el muerto. Si era depredador, tocaba pasara a la lucha, al combate.

¿Cómo se prepara el cuerpo para hacer frente a esta situación de amenaza? A nivel  hormonal, cuando el individuo percibe una  amenaza exterior, y teniendo en cuenta que la finalidad del cuerpo es conservar la vida,  el hipotálamo envía una señal a la hipófisis, siendo esta la “glándula maestra” que activa los 50 billones de células de nuestro organismo y los pone en alerta ante el peligro. Esta glándula envía una señal química a las glándulas suprarrenales informándolas de la necesidad de huida o lucha. Inmediatamente las suprarrenales segregan cortisol y lo vuelcan al torrente sanguíneo. Cuando esta sustancia llega a los músculos estos tienen gran fuerza para huir o luchar. El cortisol es la hormona que regula el estado de estrés.

Esta cadena de reacciones químico-físicas es apropiada para un estado de alerta delimitado, puesto que para activarse este sistema de defensa, se desactivan otros, siendo los más importantes el de crecimiento y el inmunológico. Desarrollemos estos aspectos.

Si este estado de alerta en el cuerpo no se desactiva, estamos permanentemente en situación de peligro, segregando más cortisol al torrente sanguíneo, y no dejamos espacio a la biologia para activar el sistema de crecimiento celular. Esto implica que nuestras células no se renuevan, no se reparan y van envejeciendo hasta que mueren. Poco a poco se va debilitando nuestro organismo. Tampoco generamos la energía vital que necesitaremos más adelante para que todas las funciones del organismo se realicen adecuadamente puesto que lo único que nuestro cuerpo detecta es la necesidad de invertir esa energía en ganar la batalla o protegernos huyendo a toda prisa del depredador.

Por otro lado, ¿a quién le preocupa una infección cuando está a punto de ser atacado por un león? No disponemos de energía para mantener el sistema inmunitario operativo con lo cual perdemos capacidad para gestionar adecuadamente posibles enfermedades. Estamos inhibiendo el sistema inmunitario, con lo que el cuerpo a la larga se resiente y enferma con mayor facilidad. A la vez le cuesta más recuperarse y volver a la normalidad, al equilibrio o homeostasis ya que no dispone de la energía que nos permite curarnos. Tanto es así, que en los trasplantes de órganos, se suministra cortisona al paciente para que el cuerpo no rechace al nuevo órgano, y no lo rechaza porque el sistema inmunológico esta inhibido por esta sustancia química que actúa como el cortisol.

Un ejemplo de este estado de alerta permanente es el caso de las sirenas de guerra. Imaginemos que estamos en la segunda guerra mundial y se activan las sirenas que indican que vamos a ser bombardeados. Automáticamente se activa el sistema de huida o lucha, de huida en este caso y corremos a refugiarnos bajo tierra. Durante todo el tiempo que están las sirenas sonando estamos en situación de alerta, segregando cortisol al torrente sanguíneo. Entonces, si las sirenas no dejan de sonar, seguimos en este estado de estrés permanentemente, en estado de tensión, y es cuando dejamos de invertir energía en el crecimiento y en el sistema inmunológico: nos debilitamos y somos más vulnerables.

¿Qué sucede a nivel cerebral? La activación del eje Hipotálamo-Hipófisis-Suprarrenales, va asociado a un aumento de la frecuencia a la que nuestro cerebro está funcionando. Entender esto es muy importante ya que como vemos en la siguiente tabla, según la frecuencia neural a la que operamos, cambia nuestro estado de conciencia:

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Durante la vigilia, cuando estamos despiertos, operamos en Beta, que es la frecuencia más elevada. Tiene sentido, procesamos mucha más información despiertos que dormidos, con lo cual aumentamos la frecuencia de nuestro cerebro. Así este puede gestionar todas las señales que captamos por los cinco sentidos. Lo que se observa al medir las frecuencias neurales de personas sometidas a estrés, es que estas son más elevadas, son lo que se llama “Beta alta”. En Beta alta es como que funcionamos con el procesador, la mente, hiper-revolucionado. El cerebro es el órgano que consume más energía de todo el cuerpo, proporcionalmente sobre un 20%. En Beta alta este consumo se dispara, es un estado de alerta que no podemos sostener durante mucho tiempo, un estado de estrés agudo que absorbe toda nuestra atención: vivir o morir, esto es lo que está en juego.

En este estado de funcionamiento, cuando estamos en Beta alta, perdemos inteligencia. Nos volvemos más tontos, menos reflexivos. No hay tiempo para el razonamiento consciente, todo es dirigido y controlado por el inconsciente, ya que la respuesta de huida o lucha tiene que ser rápida, instantánea. Por tanto, situaciones de estrés, aunque no sean muy agudas, nos llevan a la disminución de la capacidad para pensar con claridad. El proceso de razonamiento es más lento que el de los reflejos y ante esta situación de emergencia los químicos volcados al torrente sanguíneo frenan la actividad de la corteza pre-frontal que es el centro de la actividad y el pensamiento consciente, priorizando el paso del flujo sanguíneo hacía el cerebelo, que es la parte que rige los instintos vitales de huida o lucha. Por tanto ante una amenaza de vida o muerte “dejamos de pensar” y ante un peligro más moderado, cuando estamos asustados por ejemplo, nos volvemos más tontos.

Hoy en día nos hemos habituado a vivir en un estado de estrés moderado, de baja intensidad, pero constante. Son situaciones donde nos sentimos incómodos, donde algo nos amenaza pero no sabemos que es. No identificamos al “león”, al depredador, que es invisible, como un fantasma que está allí, pero no sabes por dónde saldrá ni cuándo. Desarrollaremos más adelante este concepto de “amenaza invisible”. Lo que sucede entonces es que las células se acostumbran a un nivel de cortisol en sangre determinado, y con el tiempo se hacen adictas. Esta adicción celular provoca que el cuerpo se convierte en la mente, como nos explica el Dr. Joe Dispenza en su libro “Deja de Ser Tu“. El cuerpo se convierte en mente porque son las células las que mandan señales inversas al hipotálamo para que ordene a la hipófisis activar las glándulas suprarrenales.

Esto lo vemos cuando nos tomamos unos días de vacaciones y salimos de la situación de estrés que puede ser el trabajo diario. Los primero días de vacaciones, seguimos con la sensación de estrés instalada, nos cuesta disfrutar del descanso merecido, nos cuesta relajarnos, nos cuesta reír, divertirnos, pensar en lo maravillosa que es la vida… esto es así porque nuestras células siguen reclamando cortisol, y la mente responde a su demanda y nos mantiene en estado de estrés. Es por ello que decimos que se han invertido los papeles, la mente está al servicio del cuerpo. Está situación debemos revertirla cuanto antes, recuperando el control mental por encima del cuerpo, o se nos van a pasar las vacaciones sin haberlas disfrutado.

Otro efecto que tiene vivir en situación permanente de estrés moderado es que nuestra biología aprovechará cualquier momento de relajación para entrar en modo crecimiento celular, esto es, en modo reparación y reproducción. Suele sucede que cuando llega el fin de semana y nos permitimos relajarnos, aparecen una serie de sintomatologías como resfriados, gripes, agotamiento en general… es un buen indicador que debemos enfocar nuestro día a día de forma distinta, que estamos funcionando en exceso en modo beta alta, y que no le dejamos espacios de descanso mental a nuestra biología para regenerarse.

Y aquí viene otro tema interesante: ¿que entendemos por descanso mental?. Veamos lo que no es descanso mental y así quedará claro lo que sí es descanso mental. Imaginemos que tenemos que hacer 3 cosas importantes a lo largo de cada día. Esto implica que quizás tengamos que hacer 15-21 cosas importante a lo largo de una semana. Domingo noche uno empieza a hacer el listado de esas 21 tareas (que muchas veces son obligaciones autoimpuestas). Se duerme pensando en ello, y se despierta pensando en ello. Luego empieza el día, y mientras hace esas 3 cosas importante, sigue pensando en el resto de 15 obligaciones pendientes. El inconsciente no distingue entre real o virtual, con lo cual todo lo que uno piensa que tiene que hacer, cómo y cuando lo hará, para nuestra mente es como si lo estuviera haciendo realmente. Cuando finaliza el lunes, uno ha hecho esas 3 cosas importantes, más varias veces esas otras 15 tareas pendientes. En realidad uno ha consumido tanta energía como si hubiese hecho 60 tareas en un solo día. Y todo ello ha sido un consumo mental que no físico, y sabemos que el cerebro es el órgano que consume más energía… entonces… como terminamos el día: agotados! Vivir de este modo es lo contario a vivir en descanso mental. Para encontrar el descanso mental debemos centrarnos en el aquí y ahora, poner nuestra atención en el presente, hacer las cosas conscientemente y no pensar ni en el pasado ni en el futuro. Lo primero nos lleva a la depresión, lo segundo a la ansiedad. Dos caras de la misma moneda: no vivir el instante “presente”, que como su palabra indica es el mayor “regalo” de la vida. Así que hazte un regalo y vive más tu presente.

Nos queda hablar a nivel emocional del estrés. Las emociones forman parte de la psique humana, son constructos mentales que podemos experimentar de forma consciente o inconsciente. Las emociones inconscientes son las que nos interesan aquí, ya que al no poderlas reconocer, explicar y verbalizar, quedan ocultas en nuestra mente que tratará de darles otra salida, por ejemplo a través del inconsciente biológico, por ejemplo en forma de estrés, activando el eje ya mencionado: hipotálamo-hipófisis-suprarrenales.

Para entender las emociones inconsciente que hay detrás del estrés es importante retomar el concepto de “amenaza invisible”. Hoy en día el depredador no es real, el peligro no es agudo, no hay leones paseando por la calle que nos van a devorar. Sin embargo vivimos presos del miedo a múltiples situaciones irreales que nos mantienen en estado permanente de alerta. No se desactiva este sistemas de huida/lucha, llevando a nuestro organismo al desgaste vital. Estamos constantemente con el sistema de supervivencia activado, sin amenaza aparente. Y eso genera estrés crónico porque el peligro no pasa nunca y no desactivamos el sistema de defensa. El estrés crónico nos debilita, porque dejamos de producir energía vital, en lugar de vivir la vida sobrevivimos a ella.

Por otro lado consumimos mucha energía mental, al operar en beta alta, que también nos debilita y desgasta. Y finalmente el lóbulo del córtex pre-frontal, de donde salen los pensamientos consciente, está desactivado, con lo que no pensamos con claridad y perdemos inteligencia.

La emoción inconsciente que se esconde detrás del estrés es por tanto el miedo. Con el cortisol activado por el miedo, dejamos de estar presentes y no podemos ver la realidad de la situación porque dejamos de observar. El miedo nos debilita. Controlar el  miedo es recuperar el control de nuestras vidas. Para controlar el miedo debemos adoptar un rol de observador, de observador consciente de la realidad que nos rodea, para darnos cuenta que no estamos ante ninguna situación de amenaza o peligro de muerte real.

Veamos varios tipos de “depredador virtual”, de “amenaza invisible” de nuestra sociedad actual:

  • Jefe / Compañeros trabajo (competencia).
  • Esposa / Marido / Familia / Hijos.
  • El trabajo/ Dinero / Cuenta corriente.
  • Impuestos / Deudas / Bancos / Seguridad Social / Hacienda.
  • Televisión: noticias de toda índole que nos mantienen presa del miedo.
  • Terrorismo / Guerras / Suicidios.
  • Crisis económicas / Paro / Desahucios.
  • Enfermedades víricas / Pandemias mundiales.
  • Cambio climático / Calentamiento global / Sequías.
  • … … …

A todo este repertorio de amenazas, que nos llegan por los medios de comunicación, le debemos sumar nuestra capacidad de imaginación, con lo que acabamos proyectando en nuestro futuro el peor de los escenarios posibles: el futuro es negro, oscuro y peligroso, el futuro es miedo.

Qué podemos hacer?

Darnos cuenta que el peligro es un constructo mental, no es real.

Cambiar la forma de pensar, de ver las cosas. Prestar atención a las palabras que usamos, y sobre todo al dialogo interno que mantenemos con nosotros mismos.

Adoptar el rol de observador. Observar con quien nos juntamos y para hablar de que… ¿de desgracias? ¿De noticias que nos ponen enfermos? ¿De lo mal que estamos o están nuestros familiares de salud?

¿Qué tal si empezamos a vivir más desde el amor, la alegría y las emociones elevadas de gratitud, paz y benevolencia?

¿Qué tal si empezamos a realizar un poco de relajación emocional, a practicar un poco con nuestro inconsciente para liberarnos de esos miedos que están atrapados y latentes en él?

Desde Sensus Vitae te proponemos este camino como primer paso para encontrar el equilibrio emocional y paz mental en tu vida, te proponemos un conjunto de relajaciones emocionales diseñadas para tu crecimiento interior y para la toma de consciencia. Para salir de la situación de estrés permanente y empezar a disfrutar de cada instante de la vida.

Todas las situaciones que vivimos hoy en día, las vivimos como un depredador, con miedo al “que no me falte” y lo vivimos emocionalmente tan intensamente que activamos nuestro sistema biológico de huida o defensa. Así  nuestro cuerpo entiende que nos va la vida en ello y empieza a actuar en “modo supervivencia”, pero lo cierto es que no es real. No necesitamos todo ese cortisol en los músculos, ni la adrenalina en la sangre, porque no vamos a echar a correr a toda velocidad ni vamos a iniciar una batalla; entonces estos químicos se quedan estancados en nuestro cuerpo sin ser usados para lo que han sido creados. Cuando nuestras extremidades reciben estas sustancias la musculatura se prepara para trabajar, pero no hacemos nada y quedan atrapadas en los músculos y en la sangre y con el tiempo se acumulan y pueden llegar a crear enfermedades tales como la fatiga crónica, la fibromialgia, el reuma, artritis, artrosis, taquicardias, … siempre dependiendo de cómo yo lo viva.

Aprender a vivir sin miedos es por tanto, fuente de salud,

¿Y tú qué decides, sobrevivir o vivir?

Ricard Badia

DEJA DE SER TÚ

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41KtUQfwOsL._SX320_BO1,204,203,200_DEJA DE SER TÚ,  Joe Dispenza

Ed. URANO

¿Es posible hablar de física cuántica, biología, neurología y emociones humanas en un mismo libro? ¿Es posible juntar y conectar estas disciplinas en lugar de verlas como asignaturas independientes? ¿Se puede en una sola frase integrar todos estos conceptos a priori tan alejados unos de los otros? ¿Cuál es el resultado en nuestra mente cuando entendemos que hay un todo y no una división de materias e ideas? ¿Qué pasa cuando descubrimos que todo está interconectado, desde la partícula más pequeña del universo hasta las relaciones humanas que atraemos en nuestras vidas? ¿Qué sucede cuando tomamos consciencia de que estas conexiones existes a través de nuestra mente, la gran observadora?

Estas preguntas las responde en su libro “Deja de ser tú” el Dr. Dispenza de una forma magistral. Al completar la lectura de cada capítulo consigue que nuestra mente se vaya abriendo poco a poco a un nuevo paradigma, una nueva forma de entender el mundo y una nueva forma de comprender las experiencias que vivimos en él. Partiendo del concepto de huella electromagnética, nos enseña que podemos ser aquello que nos propongamos, sin limitaciones. Para ello debemos cambiar nuestro estado emocional. Cambiando nuestras emociones cambiamos las señales electromagnéticas que emitimos. Señales que interaccionan con nuestras células, con nuestro entorno, con las personas que nos rodean y con el campo cuántico de infinitas posibilidades.

Al estar las emociones humanas retenidas en nuestra mente, comprendemos que el camino es interior. Entonces el objetivo ya no es cambiar a los demás, cambiar el mundo. El objetivo es cambiar uno mismo. Y cuando uno cambia su estado emocional todo su mundo se transforma. El Dr. Dispenza nos explica ampliamente cómo funciona la mente humana. Y más importante aún, como podemos usarla para nuestro propio bien. Para ello analiza su parte más oscura, el inconsciente. Nos muestra caminos para reprogramarlo, para generar nuevas conexiones neurales y de esta forma trascender nuestra realidad.

La mente humana, una vez situada en el centro del universo, y comprendiendo su parte inconsciente se convierte en nuestra aliada, en nuestra herramienta de creación.

Ten cuidado con la lectura de este libro, podrías dejar de ser tú…

Ricard Badia

Explicación cuántica del Transgeneracional

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Explicación cuántica del Transgeneracional

13OCT

La mecánica cuántica lleva implícito el efecto del observador; sin él no tendría sentido el mundo que percibimos. El observador hace que algo sea por su acto de conciencia, y esta debe estar interrelacionada con todo y con el Todo. Si vemos el mundo que vemos, este mundo tan sólido, es simplemente porque hay un inconsciente colectivo que se expresa en un consciente colectivo, el cual cree que todo es como lo ve. El mundo vendría a ser como una gran pantalla en la que proyectamos nuestras creencias, programas y aprendizajes, que colapsan y dan lugar a lo que denominamos acontecimientos mundanos. Como todo está colapsado, a este mundo se le llama realidad y también mundo sólido: es el mundo de las particular grandes que la ciencia llama newtoniano. El mundo sería la expresión de la conciencia del observador, es un mundo físico sustentado por otra realidad no visible llamada campo cuántico o campo de infinitas posibilidades. El observador consciente sabe que su realidad cotidiana depende de cómo decida observar, con qué conciencia.

Una aplicación práctica del pensamiento cuántico que se deriva de una mente cuántica, parte de la idea de  que todos estamos unidos y que cada uno es el observador de este mundo. El observador sabe algo que es de vital importancia, que tiene el poder de decidir cómo quiere ves las cosas, desde la unidad o desde la dualidad. Si el observador mira a su árbol familiar desde la dualidad, pensará que nada tiene que ver con él, que las historias de sus antepasados no condicionan su vida, sus relaciones y sus experiencias en su presente. Si el observador mira su árbol desde la unidad, entonces sabe que su vida está íntimamente vinculada con la de sus familiares.

El pensamiento cuántico, derivado de una mente cuántica, nos devuelve a nosotros mismos la causa de los acontecimientos; esto nos convierte en adultos emocionales. Este hecho molesta a muchos porque ya no pueden ser víctimas, ya no tienen excusas, ya no tienen donde esconderse. Nos obliga a tomar las riendas de nuestra vida y a preguntarnos qué podemos hacer para cambiarla. La respuesta siempre la hallaremos en nuestro interior, en nuestro inconsciente, y por descontado, con la ayuda del árbol familiar.

De alguna forma, hemos olvidado nuestro origen, nuestra fuente, de dónde procede este poder que es el que nos permite crear una realidad acorde con nuestros pensamientos, sentimientos y emociones. Nuestro mundo es la materialización producida por muchas personas que creen que estamos separados de todo lo que nos rodea, un mundo newtoniano, materialista, un mundo fruto del azar, de las fuerzas de la naturaleza, como si esta no tuviera dirección. Parecemos ciegos a la evidencia de que todo lo que nos rodea es un plenum de inteligencia, de cooperación, de adaptación a condiciones externas.

Debe haber alguna conexión entre el mundo material y este mundo invisible que lo sustenta todo y que lo proporciona todo, de la misma manera que debe haber una conexión entre el cuerpo terrenal, la mente y el espíritu que los alimenta.

La mente está dividida, es dual, pero no deja de crear nuestro mundo continuamente a través de estos programas guardados en el inconsciente. Precisamente por todo ello, la información debe guardarse, y se grabará en la parte más recóndita de la mente, a la que llamamos mente inconsciente. Esta información se guarda y se expresa en los acontecimientos diarios hasta que tomemos consciencia, algún día, de quiénes somos realmente y del poder que tenemos.

Esta toma de conciencia nos hace despertar del sueño, nos permite transformar el impacto que produce un acontecimiento, siempre que nos mantengamos lo suficientemente alerta para guiar nuestras emociones en el momento crítico.

La mente cuántica nos permite disponer de un pensamiento abierto a una infinidad de posibilidades, pensamiento que nos devuelve el protagonismo a nuestras vidas y se lo quita a los acontecimientos externos. Es un pensamiento que comprende que todo lo que nos rodea habla de nosotros, que, de alguna forma, lo hemos atraído a nuestras vidas, y que debemos interpretarlo teniendo en cuenta siempre nuestras propias proyecciones, sabiendo que estas proceden del inconsciente y que este solamente desea logra la toma de conciencia para hacer los cambios pertinentes. Esta es la alternativa a seguir soñando con que no podemos influir en nada de lo que nos sucede, sino solo quejarnos y sentirnos desgraciados o desafortunados.

Somos un colapso de ondas de información, somos la materialización de una parte ínfima de la información que el universo contiene en lo que llamamos el campo o matriz. Somos creadores de nuestra vida, y lo hacemos de una forma inconsciente. Nuestra realidad solo es un aspecto de la infinidad de realidades que podemos vivir. Nuestra mente, que nunca deja de crear a través de los pensamientos y sentimientos, se expresa en este campo cuántico y nos hace vivir una realidad, aunque no somos conscientes de que la estamos creando nosotros.

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Este planteamiento se respalda en muchas teorías actualmente asentadas tales como el holograma, los campos morfogenéticos, el entrelazamiento cuántico y la epigenética conductual, entre otros. Vamos a explicar brevemente las ideas que subyacen detrás de estas teorías.

El holograma:

La teoría del holograma fue postulada por Denis Gabor y por ella recibió el premio Nobel de física. Esta teoría afirma que “el todo se encuentra en la parte y la parte se encuentra en el todo”. Nosotros mismos somos un holograma; cada célula de nuestro cuerpo contiene toda la información de este en el ADN de forma que la parte contiene al todo y el todo contiene a la parte.

Karl Pribram teoriza sobre cómo se almacena la memoria, la información en el cerebro, y afirma que se hace de forma holográfica: la memoria se almacena en forma de ondas de interferencia que no se alojan en ninguna célula en particular sino en los espacios entre las neuronas, es decir, en la sinapsis. La memoria esta en cada parte del cerebro y en todo él.

David Bhom expone la teoría acerca del universo implicado y del universo explicado. Bohm llama orden implicado a la matriz de todo y orden explicado a la manifestación de una parte de este todo. Nosotros vendríamos a ser una explicación u orden explicado de una infinidad de información u orden implicado. Mi conciencia se mueve en un mar de información, información que se guarda en el universo implicado. Cuando conciencio algo, se produce un orden explicado, al que llamo mi realidad.

Esto es fundamental para entender como el árbol genealógico guarda la información. En el estudio del árbol el inconsciente es el todo y nosotros somos la parte. Somos la parte que contiene al todo aunque solo expresamos parte de ello, la parte que vendría a ser nuestra consciencia. Cuando hacemos el estudio del árbol genealógico se pretende que el consultante tome conciencia de otra información que se halla oculta tras la información que él ve o interpreta.

Al proponer que el universo es un holograma volvemos a la misma cuestión: ¿vivimos en un mundo real o en una ilusión? Quizá seamos una proyección de nosotros mismos en un mundo que experimentamos como real por la simple razón de que hemos olvidado que se trata de una proyección, convirtiendo así nuestro sueño en una realidad.

Campos morfogenéticos:

La teoría de los campos morfogenéticos habla del concepto de resonancia mórfica. La resonancia mórfica se produce entre miembros de una misma especie, que tienen una memoria colectiva acumulada que resuena en cada uno de sus ejemplares. Es un nuevo enfoque de la biología propuesto por Rupert Sheldrake que destroza las teorías oficiales de la ciencia mecanicista. Rupert Sheldrake cree que la mayor parte de la herencia depende de la resonancia mórfica, y no de los genes. Esto lo ampliaremos con las teorías de la epigenética conductual.

La resonancia mórfica, el principio de memoria colectiva, se puede aplicar al estudio del árbol genealógico. Cada familia, cada clan, tiene su propia memoria colectiva a la que todos sus miembros están conectados, tienen acceso. Esta memoria resuena de distinta forma en cada individuo y es por ello que se establecen distintos vínculos entre ancestros y descendientes.

La comprensión de la resonancia mórfica y del inconsciente colectivo permite conectar cada inconsciente a ese inconsciente colectivo, resonar con él e interpretarlo. El buen especialista en BNE es capaz de resonar con el inconsciente colectivo del consultante, y acompañarlo por el laberinto de su mente hasta encontrar la salida aplicando un recurso que él ya posee, puesto que tiene acceso a toda la información.

Entrelazamiento cuántico:

La teoría del entrelazamiento fue postulada por Niels Bohr (padre de la física cuántica). Una vez que dos partículas subatómicas entran en contacto, siguen influenciándose mutua e instantáneamente a través de cualquier distancia y para siempre. Einstein se oponía a esta idea, la idea de la no localidad, pues nada podía viajar más rápido que la velocidad de la luz.

Más tarde Tom Rosenbaum y Sayantani Ghosh demostraron que el efecto de la no localidad o entrelazamiento cuántico se produce también en las moléculas y no exclusivamente a niveles subatómicos. Claro, estamos hechos de partículas cuánticas, por lo tanto la física cuántica también habla de nuestra naturaleza en su esencia.

Por otro lado, un estudio realizado por la Universidad Hebrea de Jerusalén, demostró que se puede transportar información al pasado. Y esto lo lograron aplicando el entrelazamiento cuántico a través del tiempo.  Se puede entrelazar una partícula que está presente con otra que existió en el pasado.

Para nuestro estudio del árbol genealógico, este concepto de no localidad o entrelazamiento cuántico atemporal nos puede ayudar a comprender como se modifica la información. Podemos cambiar la información contenida en una parte del inconsciente. El concepto de pasado, presente y futuro es puramente mental. La información siempre está presente, aquí y ahora. Tenemos que viajar a ese teórico pasado que nos envía constantemente información de nuestros ancestros para destruirla y descargar la nueva. El vehículo adecuado para ello se llama emoción. Cuando la información se transmite del inconsciente al consciente, podemos cambiar los programas heredados de los ancestros.

Epigenética conductual:

Hurley hace la siguiente afirmación: “Las experiencias de tu abuela dejan marca en tus genes”. Se ha descubierto que estas marcas o memorias ancestrales quedan sintetizadas biológicamente en forma de grupos metilo (-CH3) que se encuentran enlazados con las proteínas o ácidos nucleídos.  Los grupos metilo modifican la forma en que los compuestos actúan en las células o en el cuerpo. Estos grupos se replican junto al ADN a lo largo de un centenar de generaciones. Por otra parte, esos grupos al unirse a un gen alteran significativamente su comportamiento, inhibiendo su transcripción.

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Conceptualmente los grupos metilo hacen de interruptor de los genes, permitiendo que se expresen unos y no otros. Entonces nuestra herencia familiar, como postula Rupert Sheldrake, depende más de la resonancia mórfica que no de los genes. Depende más de la información subyacente en el inconsciente colectivo que no de los genes en sí. En este inconsciente colectivo se encuentran los conflictos emocionales, los programas tóxicos ancestrales, que se transmiten a través de los grupos metilo. Luego, en última instancia, estos grupos metilo acaban activando nuestros genes en función del entorno o medio, de las señales externas que reciben. Y estas señales siempre están filtradas por la percepción de cada individuo.

La BNE con el estudio del árbol genealógico propone que el consultante modifique la información tóxica que ha heredado. Gracias al principio del holograma toda la información del clan está en su inconsciente. Gracias a la ley del entrelazamiento cuántico puede modificar la información y cambiar las emociones latentes de eventos pasados.

El consultante gracias a los campos morfogenéticos y a la epigenética conductual puede comprender que su vida está a merced de esos programas heredados y no condicionada por sus genes. Por último, el efecto observador hace que el consultante despierte del sueño. Al convertirse en un observador consciente sabe que su realidad cotidiana depende de cómo decida observar, con qué conciencia. Entonces el consultante lo tiene todo a su disposición para transformar su vida.

Ricard Badia

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