EMOCIÓN

CUADERNO DE BITÁCORA nº4

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Ricard Badia

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PASOS A SEGUIR PARA UNA CARTA DE DUELO

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Si deseas dejar atrás viejos resentimientos con alguno de tus familiares cercanos o con alguna amistad significativa en tu vida, te presentamos a continuación un ejercicio muy sencillo pero a su vez muy poderoso para lograr esta liberación. Ya verás como tu mismo quedarás sorprendido con los resultados, y como sin darte cuenta la relación con esa persona dará un giro de 180 grados.

Escribe una carta a la persona o familiar que hayas elegido para hacer el duelo. En la carta debes decirle a la persona o familiar de maner clara, sincera y honesta:

  1. Las cosas que te han sentado mal de sus palabras, actos o comportamientos hacia ti. 
  2. Las cosas buenas que ha dicho y hecho para ti. 
  3. Que te pida perdón por todo lo que te ha sentado mal de sus palabras o comportamientos, añadiendo como ello te ha hecho sentir y como te ha influenciado a lo largo de tu vida. 
  4. Darle las gracias por permitir este momento de reconciliación y porque gracias a él/ella tú tienes la vida, o te has permitido conocer una parte de ti oscura.
  5. Decirle lo que has hecho mal para esta persona, lo que has dicho, hecho o malpensado de él/ella.
  6. Decirle lo que has hecho bien respecto a él/ella, dicho, hecho y pensado.
  7. Pedirle perdón por lo que has dicho, hecho o malpensado de él/ella y cómo eso te ha hecho sentir. 
  8. Pedirte perdón a ti misma por el daño que te has hecho durante todo este tiempo en que pensabas, actuabas y sentías de esta manera.
  9. Darte las gracias porque has decidido cambiar.

La carta la debes escribir en 1a persona y siempre respecto a YO. Yo me siento, yo pienso…

Una vez escrita la carta debes leerla en voz alta, a solas, dejándote sentir, dejando que salgan las emociones reprimidas, que salga todo el resentimiento a la luz durante su lectura.

Finalmente debes destruir la carta, mediante un acto o ritual simbólico. Por ejemplo quemando la carta y enterrando las cenizas.

Opcional: puedes marcar la carta con tu sangre y/o tu orina, para darle más simbolismo y conectar más con tu inconsciente antes de leerla y destruirla.

Gracias y que disfrutes con los cambios tan positivos que vas a experimentar.

 Ricard Badia

EL ESTRÉS, MECANISMO DE SUPERVIVENCIA

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Definición

El estrés es un conjunto de reacciones biológicas y psicológicas que nos preparan para reaccionar ante el peligro.

De esta definición deducimos que el estrés tiene un origen mental, en la psique del individuo y esto activa su biología, activa una respuesta biológica concreta. Entonces tenemos que hablar de varios protagonistas y para ello vamos a seguir este orden: analizaremos en primer lugar que sucede a nivel biológico, para luego explicar que sucede a nivel mental, a nivel cerebral. Finalmente hablaremos de la parte emocional que se esconde detrás del estrés.

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A nivel biológico, el cuerpo, reacciona activando el sistema de defensa que puede ser la huida o la lucha, para protegernos ante un peligro. Este es por tanto un mecanismo de supervivencia que ancestralmente hemos desarrollado y aprendido, es una estrategia arcaica para garantizar la continuidad de la especie.

Si nos trasladamos a la prehistoria, cuando el ser humano vivía en la caverna y salía a cazar por la estepa, ante la amenaza de ataque de un león el cuerpo se preparaba para huir o luchar: era una situación de peligro inminente, de vida o muerte. Ante esta situación se activaba el sistema biológico de lucha o huída, aunque también cabía la posibilidad de hacerse el muerto y pasar desapercibido. La respuesta que cada uno escogía en esta situación de peligro dependía de si se consideraba presa o depredador de ese enemigo, de ese animal salvaje. Si era presa, tocaba huir o hacerse el muerto. Si era depredador, tocaba pasara a la lucha, al combate.

¿Cómo se prepara el cuerpo para hacer frente a esta situación de amenaza? A nivel  hormonal, cuando el individuo percibe una  amenaza exterior, y teniendo en cuenta que la finalidad del cuerpo es conservar la vida,  el hipotálamo envía una señal a la hipófisis, siendo esta la “glándula maestra” que activa los 50 billones de células de nuestro organismo y los pone en alerta ante el peligro. Esta glándula envía una señal química a las glándulas suprarrenales informándolas de la necesidad de huida o lucha. Inmediatamente las suprarrenales segregan cortisol y lo vuelcan al torrente sanguíneo. Cuando esta sustancia llega a los músculos estos tienen gran fuerza para huir o luchar. El cortisol es la hormona que regula el estado de estrés.

Esta cadena de reacciones químico-físicas es apropiada para un estado de alerta delimitado, puesto que para activarse este sistema de defensa, se desactivan otros, siendo los más importantes el de crecimiento y el inmunológico. Desarrollemos estos aspectos.

Si este estado de alerta en el cuerpo no se desactiva, estamos permanentemente en situación de peligro, segregando más cortisol al torrente sanguíneo, y no dejamos espacio a la biologia para activar el sistema de crecimiento celular. Esto implica que nuestras células no se renuevan, no se reparan y van envejeciendo hasta que mueren. Poco a poco se va debilitando nuestro organismo. Tampoco generamos la energía vital que necesitaremos más adelante para que todas las funciones del organismo se realicen adecuadamente puesto que lo único que nuestro cuerpo detecta es la necesidad de invertir esa energía en ganar la batalla o protegernos huyendo a toda prisa del depredador.

Por otro lado, ¿a quién le preocupa una infección cuando está a punto de ser atacado por un león? No disponemos de energía para mantener el sistema inmunitario operativo con lo cual perdemos capacidad para gestionar adecuadamente posibles enfermedades. Estamos inhibiendo el sistema inmunitario, con lo que el cuerpo a la larga se resiente y enferma con mayor facilidad. A la vez le cuesta más recuperarse y volver a la normalidad, al equilibrio o homeostasis ya que no dispone de la energía que nos permite curarnos. Tanto es así, que en los trasplantes de órganos, se suministra cortisona al paciente para que el cuerpo no rechace al nuevo órgano, y no lo rechaza porque el sistema inmunológico esta inhibido por esta sustancia química que actúa como el cortisol.

Un ejemplo de este estado de alerta permanente es el caso de las sirenas de guerra. Imaginemos que estamos en la segunda guerra mundial y se activan las sirenas que indican que vamos a ser bombardeados. Automáticamente se activa el sistema de huida o lucha, de huida en este caso y corremos a refugiarnos bajo tierra. Durante todo el tiempo que están las sirenas sonando estamos en situación de alerta, segregando cortisol al torrente sanguíneo. Entonces, si las sirenas no dejan de sonar, seguimos en este estado de estrés permanentemente, en estado de tensión, y es cuando dejamos de invertir energía en el crecimiento y en el sistema inmunológico: nos debilitamos y somos más vulnerables.

¿Qué sucede a nivel cerebral? La activación del eje Hipotálamo-Hipófisis-Suprarrenales, va asociado a un aumento de la frecuencia a la que nuestro cerebro está funcionando. Entender esto es muy importante ya que como vemos en la siguiente tabla, según la frecuencia neural a la que operamos, cambia nuestro estado de conciencia:

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Durante la vigilia, cuando estamos despiertos, operamos en Beta, que es la frecuencia más elevada. Tiene sentido, procesamos mucha más información despiertos que dormidos, con lo cual aumentamos la frecuencia de nuestro cerebro. Así este puede gestionar todas las señales que captamos por los cinco sentidos. Lo que se observa al medir las frecuencias neurales de personas sometidas a estrés, es que estas son más elevadas, son lo que se llama “Beta alta”. En Beta alta es como que funcionamos con el procesador, la mente, hiper-revolucionado. El cerebro es el órgano que consume más energía de todo el cuerpo, proporcionalmente sobre un 20%. En Beta alta este consumo se dispara, es un estado de alerta que no podemos sostener durante mucho tiempo, un estado de estrés agudo que absorbe toda nuestra atención: vivir o morir, esto es lo que está en juego.

En este estado de funcionamiento, cuando estamos en Beta alta, perdemos inteligencia. Nos volvemos más tontos, menos reflexivos. No hay tiempo para el razonamiento consciente, todo es dirigido y controlado por el inconsciente, ya que la respuesta de huida o lucha tiene que ser rápida, instantánea. Por tanto, situaciones de estrés, aunque no sean muy agudas, nos llevan a la disminución de la capacidad para pensar con claridad. El proceso de razonamiento es más lento que el de los reflejos y ante esta situación de emergencia los químicos volcados al torrente sanguíneo frenan la actividad de la corteza pre-frontal que es el centro de la actividad y el pensamiento consciente, priorizando el paso del flujo sanguíneo hacía el cerebelo, que es la parte que rige los instintos vitales de huida o lucha. Por tanto ante una amenaza de vida o muerte “dejamos de pensar” y ante un peligro más moderado, cuando estamos asustados por ejemplo, nos volvemos más tontos.

Hoy en día nos hemos habituado a vivir en un estado de estrés moderado, de baja intensidad, pero constante. Son situaciones donde nos sentimos incómodos, donde algo nos amenaza pero no sabemos que es. No identificamos al “león”, al depredador, que es invisible, como un fantasma que está allí, pero no sabes por dónde saldrá ni cuándo. Desarrollaremos más adelante este concepto de “amenaza invisible”. Lo que sucede entonces es que las células se acostumbran a un nivel de cortisol en sangre determinado, y con el tiempo se hacen adictas. Esta adicción celular provoca que el cuerpo se convierte en la mente, como nos explica el Dr. Joe Dispenza en su libro “Deja de Ser Tu“. El cuerpo se convierte en mente porque son las células las que mandan señales inversas al hipotálamo para que ordene a la hipófisis activar las glándulas suprarrenales.

Esto lo vemos cuando nos tomamos unos días de vacaciones y salimos de la situación de estrés que puede ser el trabajo diario. Los primero días de vacaciones, seguimos con la sensación de estrés instalada, nos cuesta disfrutar del descanso merecido, nos cuesta relajarnos, nos cuesta reír, divertirnos, pensar en lo maravillosa que es la vida… esto es así porque nuestras células siguen reclamando cortisol, y la mente responde a su demanda y nos mantiene en estado de estrés. Es por ello que decimos que se han invertido los papeles, la mente está al servicio del cuerpo. Está situación debemos revertirla cuanto antes, recuperando el control mental por encima del cuerpo, o se nos van a pasar las vacaciones sin haberlas disfrutado.

Otro efecto que tiene vivir en situación permanente de estrés moderado es que nuestra biología aprovechará cualquier momento de relajación para entrar en modo crecimiento celular, esto es, en modo reparación y reproducción. Suele sucede que cuando llega el fin de semana y nos permitimos relajarnos, aparecen una serie de sintomatologías como resfriados, gripes, agotamiento en general… es un buen indicador que debemos enfocar nuestro día a día de forma distinta, que estamos funcionando en exceso en modo beta alta, y que no le dejamos espacios de descanso mental a nuestra biología para regenerarse.

Y aquí viene otro tema interesante: ¿que entendemos por descanso mental?. Veamos lo que no es descanso mental y así quedará claro lo que sí es descanso mental. Imaginemos que tenemos que hacer 3 cosas importantes a lo largo de cada día. Esto implica que quizás tengamos que hacer 15-21 cosas importante a lo largo de una semana. Domingo noche uno empieza a hacer el listado de esas 21 tareas (que muchas veces son obligaciones autoimpuestas). Se duerme pensando en ello, y se despierta pensando en ello. Luego empieza el día, y mientras hace esas 3 cosas importante, sigue pensando en el resto de 15 obligaciones pendientes. El inconsciente no distingue entre real o virtual, con lo cual todo lo que uno piensa que tiene que hacer, cómo y cuando lo hará, para nuestra mente es como si lo estuviera haciendo realmente. Cuando finaliza el lunes, uno ha hecho esas 3 cosas importantes, más varias veces esas otras 15 tareas pendientes. En realidad uno ha consumido tanta energía como si hubiese hecho 60 tareas en un solo día. Y todo ello ha sido un consumo mental que no físico, y sabemos que el cerebro es el órgano que consume más energía… entonces… como terminamos el día: agotados! Vivir de este modo es lo contario a vivir en descanso mental. Para encontrar el descanso mental debemos centrarnos en el aquí y ahora, poner nuestra atención en el presente, hacer las cosas conscientemente y no pensar ni en el pasado ni en el futuro. Lo primero nos lleva a la depresión, lo segundo a la ansiedad. Dos caras de la misma moneda: no vivir el instante “presente”, que como su palabra indica es el mayor “regalo” de la vida. Así que hazte un regalo y vive más tu presente.

Nos queda hablar a nivel emocional del estrés. Las emociones forman parte de la psique humana, son constructos mentales que podemos experimentar de forma consciente o inconsciente. Las emociones inconscientes son las que nos interesan aquí, ya que al no poderlas reconocer, explicar y verbalizar, quedan ocultas en nuestra mente que tratará de darles otra salida, por ejemplo a través del inconsciente biológico, por ejemplo en forma de estrés, activando el eje ya mencionado: hipotálamo-hipófisis-suprarrenales.

Para entender las emociones inconsciente que hay detrás del estrés es importante retomar el concepto de “amenaza invisible”. Hoy en día el depredador no es real, el peligro no es agudo, no hay leones paseando por la calle que nos van a devorar. Sin embargo vivimos presos del miedo a múltiples situaciones irreales que nos mantienen en estado permanente de alerta. No se desactiva este sistemas de huida/lucha, llevando a nuestro organismo al desgaste vital. Estamos constantemente con el sistema de supervivencia activado, sin amenaza aparente. Y eso genera estrés crónico porque el peligro no pasa nunca y no desactivamos el sistema de defensa. El estrés crónico nos debilita, porque dejamos de producir energía vital, en lugar de vivir la vida sobrevivimos a ella.

Por otro lado consumimos mucha energía mental, al operar en beta alta, que también nos debilita y desgasta. Y finalmente el lóbulo del córtex pre-frontal, de donde salen los pensamientos consciente, está desactivado, con lo que no pensamos con claridad y perdemos inteligencia.

La emoción inconsciente que se esconde detrás del estrés es por tanto el miedo. Con el cortisol activado por el miedo, dejamos de estar presentes y no podemos ver la realidad de la situación porque dejamos de observar. El miedo nos debilita. Controlar el  miedo es recuperar el control de nuestras vidas. Para controlar el miedo debemos adoptar un rol de observador, de observador consciente de la realidad que nos rodea, para darnos cuenta que no estamos ante ninguna situación de amenaza o peligro de muerte real.

Veamos varios tipos de “depredador virtual”, de “amenaza invisible” de nuestra sociedad actual:

  • Jefe / Compañeros trabajo (competencia).
  • Esposa / Marido / Familia / Hijos.
  • El trabajo/ Dinero / Cuenta corriente.
  • Impuestos / Deudas / Bancos / Seguridad Social / Hacienda.
  • Televisión: noticias de toda índole que nos mantienen presa del miedo.
  • Terrorismo / Guerras / Suicidios.
  • Crisis económicas / Paro / Desahucios.
  • Enfermedades víricas / Pandemias mundiales.
  • Cambio climático / Calentamiento global / Sequías.
  • … … …

A todo este repertorio de amenazas, que nos llegan por los medios de comunicación, le debemos sumar nuestra capacidad de imaginación, con lo que acabamos proyectando en nuestro futuro el peor de los escenarios posibles: el futuro es negro, oscuro y peligroso, el futuro es miedo.

Qué podemos hacer?

Darnos cuenta que el peligro es un constructo mental, no es real.

Cambiar la forma de pensar, de ver las cosas. Prestar atención a las palabras que usamos, y sobre todo al dialogo interno que mantenemos con nosotros mismos.

Adoptar el rol de observador. Observar con quien nos juntamos y para hablar de que… ¿de desgracias? ¿De noticias que nos ponen enfermos? ¿De lo mal que estamos o están nuestros familiares de salud?

¿Qué tal si empezamos a vivir más desde el amor, la alegría y las emociones elevadas de gratitud, paz y benevolencia?

¿Qué tal si empezamos a realizar un poco de relajación emocional, a practicar un poco con nuestro inconsciente para liberarnos de esos miedos que están atrapados y latentes en él?

Desde Sensus Vitae te proponemos este camino como primer paso para encontrar el equilibrio emocional y paz mental en tu vida, te proponemos un conjunto de relajaciones emocionales diseñadas para tu crecimiento interior y para la toma de consciencia. Para salir de la situación de estrés permanente y empezar a disfrutar de cada instante de la vida.

Todas las situaciones que vivimos hoy en día, las vivimos como un depredador, con miedo al “que no me falte” y lo vivimos emocionalmente tan intensamente que activamos nuestro sistema biológico de huida o defensa. Así  nuestro cuerpo entiende que nos va la vida en ello y empieza a actuar en “modo supervivencia”, pero lo cierto es que no es real. No necesitamos todo ese cortisol en los músculos, ni la adrenalina en la sangre, porque no vamos a echar a correr a toda velocidad ni vamos a iniciar una batalla; entonces estos químicos se quedan estancados en nuestro cuerpo sin ser usados para lo que han sido creados. Cuando nuestras extremidades reciben estas sustancias la musculatura se prepara para trabajar, pero no hacemos nada y quedan atrapadas en los músculos y en la sangre y con el tiempo se acumulan y pueden llegar a crear enfermedades tales como la fatiga crónica, la fibromialgia, el reuma, artritis, artrosis, taquicardias, … siempre dependiendo de cómo yo lo viva.

Aprender a vivir sin miedos es por tanto, fuente de salud,

¿Y tú qué decides, sobrevivir o vivir?

Ricard Badia

HOLA, SOY TU SÍNTOMA

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síntomaHola, tengo muchos nombres: dolor de rodilla, grano, dolor de estómago, reumatismo, asma, mucosidad, gripe, dolor de espalda, ciática, cáncer, depresión, migraña, tos, gripe, dolor de garganta, insuficiencia renal, diabetes, hemorroides, y la lista sigue y sigue. Me he ofrecido como voluntario para el peor trabajo posible: ser el portador de noticias poco gratas para ti.

Tú no me comprendes, nadie me comprende. Tú piensas que quiero fastidiarte, echar a perder tus planes de vida, todos piensan que quiero entorpecerles, hacerles daño o limitarles. Y no, eso sería un completo disparate. Yo, el síntoma, simplemente intento hablarte en un lenguaje que comprendas. Que entiendas.

A ver, dime algo, ¿tú irías a negociar con terroristas, tocando a su puerta con una flor en la mano y una camiseta con el símbolo de “paz” impreso en la espalda? ¿No verdad?

Entonces, por qué no comprendes que yo, el síntoma, no puedo ser “sutil” y “suavecito” cuando debo darte el mensaje. Me golpeas, me odias, como todo el mundo te quejas de mi, de mi presencia en tu cuerpo, pero no te tomas ni un segundo en razonar y tratar de comprender el motivo de mi presencia en tu cuerpo.

Sólo te escucho decirme: “Cállate”, “vete”, “te odio”, “maldita la hora en que apareciste”, y mil frases que me hacen impotente para hacerte comprender. Pero yo debo mantenerme firme y constante, porque debo hacerte entender el mensaje.

¿Qué haces tú? Me mandas a dormir con medicinas. Me mandas callar con tranquilizantes, me suplicas desaparecer con antiinflamatorios, me quieres borrar con quimioterapias. Intentas días tras día taparme, sellarme, callarme. Y me sorprende ver que a veces, hasta prefieres consultar brujas y adivinos para que de forma “mágica” yo me vaya de tu cuerpo.

Y yo, cuando mi única intención es darte un mensaje, soy totalmente ignorado.

Imagínate que soy esa alarma con sirena en el Titanic, esa que intenta de mil formas decirte que de frente hay un Iceberg con el que vas a chocar y hundirte. Sueno y sueno por horas, por días, por semanas, por meses, por años, intentando salvar tu vida, y tú te quejas porque no te dejo dormir, porque no te dejo caminar, porque no te dejo trabajar, pero sigues sin escucharme…

¿Vas comprendiendo?

Para ti, yo, el síntoma, soy “La Enfermedad”. Qué cosa más absurda. No confundas las cosas. Y vas al médico, y pagas por decenas de consultas médicas. Gastas dinero que no tienes en medicamento tras medicamento. Y sólo para callarme. Yo no soy la enfermedad, soy el síntoma. ¿Por qué me callas, cuando soy la única alarma que está intentando salvarte?

La enfermedad, “eres tú”, “es tu estilo de vida”, “son tus emociones contenidas”, eso sí es la enfermedad. Y ningún médico aquí en el planeta tierra, sabe cómo combatir enfermedades. Lo único que hacen es combatirme, combatir el síntoma. Callarme, silenciarme, desaparecerme. Ponerme un maquillaje invisible para que tú no me veas.

Y sí, está bien si ahora que lees esto, te sientes un poco molesto, sí. Esto debe ser algo como un “golpazo a tu inteligencia”. Está bien si por ahora te sientes un poco molesto o frustrado. Pero yo puedo manejar tus procesos bastante bien y los entiendo. De hecho, es parte de mi trabajo, no te preocupes. La buena noticia es que depende de ti no necesitarme más. Depende totalmente de ti, analizar que trato de decirte, lo que trato de prevenir.

Cuando yo, “el síntoma”, aparezco en tu vida, no es para saludarte, no. Es para avisarte que una emoción que contuviste dentro de tu cuerpo, debe ser analizada y resuelta par no enfermarte. Deberías darte la oportunidad de preguntarte a ti mismo: ¿”por qué apareció este síntoma en mi vida”?, ¿”qué querrá decirme”?. ¿Por qué está apareciendo este síntoma ahora?, ¿Qué debo cambiar en mí para que ya no necesitar de este síntoma?

Si dejas este trabajo de investigación, sólo a tu mente, la respuesta no te llevará más allá de lo que has hecho años atrás. Debes consultar también con tu inconsciente, con tu corazón, con tus emociones.

Por favor, cuando yo aparezca en tu cuerpo, antes de correr al doctor para que me duerma, analiza lo que trato de decirte, de verdad que por una vez en la vida, me gustaría ser reconocido por mi trabajo, por mi excelente trabajo. Y entre más rápido hagas conciencia del por qué de mi aparición en tu cuerpo, más rápido me iré.

Poco a poco descubrirás, que entre mejor investigador seas, menos veces vendré a visitarte. Y te aseguro que llegará el día en que no me vuelvas a ver ni a sentir. Al mismo tiempo que logres ese equilibrio y perfección como “analizador” de tu vida, tus emociones, tus reacciones, tu coherencia, te garantizo que jamás volverás a consultar a un médico ni a comprar medicinas.

Por favor, déjame sin trabajo. ¿O piensas de verdad que yo disfruto lo que hago? Te invito a que reflexiones, cada vez que me veas aparecer, el motivo de mi visita. Te invito, a que dejes de presumirme con tus amigos y familia como si yo fuera un trofeo. Estoy harto de que digas: “Ay pues yo sigo con mi diabetes, ya ves que soy diabético”. “Ay pues ya no aguanto el dolor en mis rodillas, ya no puedo caminar”. “Siempre yo con mis migrañas”. Me presumes como si yo fuera un tesoro del cual no piensas desprenderte jamás.

Mi trabajo es vergonzoso. Y te debería dar vergüenza presumirme ante los demás. Cada vez que me presumes, realmente estás diciendo: “Miren que débil soy, no soy capaz de analizar ni comprender mi propio cuerpo y mis propias emociones, no vivo en coherencia, ¡mírenme, mírenme!”

Por favor, haz conciencia, reflexiona y actúa. Entre más pronto lo hagas, ¡más rápido me iré de tu vida!

Atte., El síntoma

Autor desconocido.

Ricard Badia

DEJA DE SER TÚ

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41KtUQfwOsL._SX320_BO1,204,203,200_DEJA DE SER TÚ,  Joe Dispenza

Ed. URANO

¿Es posible hablar de física cuántica, biología, neurología y emociones humanas en un mismo libro? ¿Es posible juntar y conectar estas disciplinas en lugar de verlas como asignaturas independientes? ¿Se puede en una sola frase integrar todos estos conceptos a priori tan alejados unos de los otros? ¿Cuál es el resultado en nuestra mente cuando entendemos que hay un todo y no una división de materias e ideas? ¿Qué pasa cuando descubrimos que todo está interconectado, desde la partícula más pequeña del universo hasta las relaciones humanas que atraemos en nuestras vidas? ¿Qué sucede cuando tomamos consciencia de que estas conexiones existes a través de nuestra mente, la gran observadora?

Estas preguntas las responde en su libro “Deja de ser tú” el Dr. Dispenza de una forma magistral. Al completar la lectura de cada capítulo consigue que nuestra mente se vaya abriendo poco a poco a un nuevo paradigma, una nueva forma de entender el mundo y una nueva forma de comprender las experiencias que vivimos en él. Partiendo del concepto de huella electromagnética, nos enseña que podemos ser aquello que nos propongamos, sin limitaciones. Para ello debemos cambiar nuestro estado emocional. Cambiando nuestras emociones cambiamos las señales electromagnéticas que emitimos. Señales que interaccionan con nuestras células, con nuestro entorno, con las personas que nos rodean y con el campo cuántico de infinitas posibilidades.

Al estar las emociones humanas retenidas en nuestra mente, comprendemos que el camino es interior. Entonces el objetivo ya no es cambiar a los demás, cambiar el mundo. El objetivo es cambiar uno mismo. Y cuando uno cambia su estado emocional todo su mundo se transforma. El Dr. Dispenza nos explica ampliamente cómo funciona la mente humana. Y más importante aún, como podemos usarla para nuestro propio bien. Para ello analiza su parte más oscura, el inconsciente. Nos muestra caminos para reprogramarlo, para generar nuevas conexiones neurales y de esta forma trascender nuestra realidad.

La mente humana, una vez situada en el centro del universo, y comprendiendo su parte inconsciente se convierte en nuestra aliada, en nuestra herramienta de creación.

Ten cuidado con la lectura de este libro, podrías dejar de ser tú…

Ricard Badia