ESTRES

EL ESTRÉS, MECANISMO DE SUPERVIVENCIA

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Definición

El estrés es un conjunto de reacciones biológicas y psicológicas que nos preparan para reaccionar ante el peligro.

De esta definición deducimos que el estrés tiene un origen mental, en la psique del individuo y esto activa su biología, activa una respuesta biológica concreta. Entonces tenemos que hablar de varios protagonistas y para ello vamos a seguir este orden: analizaremos en primer lugar que sucede a nivel biológico, para luego explicar que sucede a nivel mental, a nivel cerebral. Finalmente hablaremos de la parte emocional que se esconde detrás del estrés.

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A nivel biológico, el cuerpo, reacciona activando el sistema de defensa que puede ser la huida o la lucha, para protegernos ante un peligro. Este es por tanto un mecanismo de supervivencia que ancestralmente hemos desarrollado y aprendido, es una estrategia arcaica para garantizar la continuidad de la especie.

Si nos trasladamos a la prehistoria, cuando el ser humano vivía en la caverna y salía a cazar por la estepa, ante la amenaza de ataque de un león el cuerpo se preparaba para huir o luchar: era una situación de peligro inminente, de vida o muerte. Ante esta situación se activaba el sistema biológico de lucha o huída, aunque también cabía la posibilidad de hacerse el muerto y pasar desapercibido. La respuesta que cada uno escogía en esta situación de peligro dependía de si se consideraba presa o depredador de ese enemigo, de ese animal salvaje. Si era presa, tocaba huir o hacerse el muerto. Si era depredador, tocaba pasara a la lucha, al combate.

¿Cómo se prepara el cuerpo para hacer frente a esta situación de amenaza? A nivel  hormonal, cuando el individuo percibe una  amenaza exterior, y teniendo en cuenta que la finalidad del cuerpo es conservar la vida,  el hipotálamo envía una señal a la hipófisis, siendo esta la “glándula maestra” que activa los 50 billones de células de nuestro organismo y los pone en alerta ante el peligro. Esta glándula envía una señal química a las glándulas suprarrenales informándolas de la necesidad de huida o lucha. Inmediatamente las suprarrenales segregan cortisol y lo vuelcan al torrente sanguíneo. Cuando esta sustancia llega a los músculos estos tienen gran fuerza para huir o luchar. El cortisol es la hormona que regula el estado de estrés.

Esta cadena de reacciones químico-físicas es apropiada para un estado de alerta delimitado, puesto que para activarse este sistema de defensa, se desactivan otros, siendo los más importantes el de crecimiento y el inmunológico. Desarrollemos estos aspectos.

Si este estado de alerta en el cuerpo no se desactiva, estamos permanentemente en situación de peligro, segregando más cortisol al torrente sanguíneo, y no dejamos espacio a la biologia para activar el sistema de crecimiento celular. Esto implica que nuestras células no se renuevan, no se reparan y van envejeciendo hasta que mueren. Poco a poco se va debilitando nuestro organismo. Tampoco generamos la energía vital que necesitaremos más adelante para que todas las funciones del organismo se realicen adecuadamente puesto que lo único que nuestro cuerpo detecta es la necesidad de invertir esa energía en ganar la batalla o protegernos huyendo a toda prisa del depredador.

Por otro lado, ¿a quién le preocupa una infección cuando está a punto de ser atacado por un león? No disponemos de energía para mantener el sistema inmunitario operativo con lo cual perdemos capacidad para gestionar adecuadamente posibles enfermedades. Estamos inhibiendo el sistema inmunitario, con lo que el cuerpo a la larga se resiente y enferma con mayor facilidad. A la vez le cuesta más recuperarse y volver a la normalidad, al equilibrio o homeostasis ya que no dispone de la energía que nos permite curarnos. Tanto es así, que en los trasplantes de órganos, se suministra cortisona al paciente para que el cuerpo no rechace al nuevo órgano, y no lo rechaza porque el sistema inmunológico esta inhibido por esta sustancia química que actúa como el cortisol.

Un ejemplo de este estado de alerta permanente es el caso de las sirenas de guerra. Imaginemos que estamos en la segunda guerra mundial y se activan las sirenas que indican que vamos a ser bombardeados. Automáticamente se activa el sistema de huida o lucha, de huida en este caso y corremos a refugiarnos bajo tierra. Durante todo el tiempo que están las sirenas sonando estamos en situación de alerta, segregando cortisol al torrente sanguíneo. Entonces, si las sirenas no dejan de sonar, seguimos en este estado de estrés permanentemente, en estado de tensión, y es cuando dejamos de invertir energía en el crecimiento y en el sistema inmunológico: nos debilitamos y somos más vulnerables.

¿Qué sucede a nivel cerebral? La activación del eje Hipotálamo-Hipófisis-Suprarrenales, va asociado a un aumento de la frecuencia a la que nuestro cerebro está funcionando. Entender esto es muy importante ya que como vemos en la siguiente tabla, según la frecuencia neural a la que operamos, cambia nuestro estado de conciencia:

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Durante la vigilia, cuando estamos despiertos, operamos en Beta, que es la frecuencia más elevada. Tiene sentido, procesamos mucha más información despiertos que dormidos, con lo cual aumentamos la frecuencia de nuestro cerebro. Así este puede gestionar todas las señales que captamos por los cinco sentidos. Lo que se observa al medir las frecuencias neurales de personas sometidas a estrés, es que estas son más elevadas, son lo que se llama “Beta alta”. En Beta alta es como que funcionamos con el procesador, la mente, hiper-revolucionado. El cerebro es el órgano que consume más energía de todo el cuerpo, proporcionalmente sobre un 20%. En Beta alta este consumo se dispara, es un estado de alerta que no podemos sostener durante mucho tiempo, un estado de estrés agudo que absorbe toda nuestra atención: vivir o morir, esto es lo que está en juego.

En este estado de funcionamiento, cuando estamos en Beta alta, perdemos inteligencia. Nos volvemos más tontos, menos reflexivos. No hay tiempo para el razonamiento consciente, todo es dirigido y controlado por el inconsciente, ya que la respuesta de huida o lucha tiene que ser rápida, instantánea. Por tanto, situaciones de estrés, aunque no sean muy agudas, nos llevan a la disminución de la capacidad para pensar con claridad. El proceso de razonamiento es más lento que el de los reflejos y ante esta situación de emergencia los químicos volcados al torrente sanguíneo frenan la actividad de la corteza pre-frontal que es el centro de la actividad y el pensamiento consciente, priorizando el paso del flujo sanguíneo hacía el cerebelo, que es la parte que rige los instintos vitales de huida o lucha. Por tanto ante una amenaza de vida o muerte “dejamos de pensar” y ante un peligro más moderado, cuando estamos asustados por ejemplo, nos volvemos más tontos.

Hoy en día nos hemos habituado a vivir en un estado de estrés moderado, de baja intensidad, pero constante. Son situaciones donde nos sentimos incómodos, donde algo nos amenaza pero no sabemos que es. No identificamos al “león”, al depredador, que es invisible, como un fantasma que está allí, pero no sabes por dónde saldrá ni cuándo. Desarrollaremos más adelante este concepto de “amenaza invisible”. Lo que sucede entonces es que las células se acostumbran a un nivel de cortisol en sangre determinado, y con el tiempo se hacen adictas. Esta adicción celular provoca que el cuerpo se convierte en la mente, como nos explica el Dr. Joe Dispenza en su libro “Deja de Ser Tu“. El cuerpo se convierte en mente porque son las células las que mandan señales inversas al hipotálamo para que ordene a la hipófisis activar las glándulas suprarrenales.

Esto lo vemos cuando nos tomamos unos días de vacaciones y salimos de la situación de estrés que puede ser el trabajo diario. Los primero días de vacaciones, seguimos con la sensación de estrés instalada, nos cuesta disfrutar del descanso merecido, nos cuesta relajarnos, nos cuesta reír, divertirnos, pensar en lo maravillosa que es la vida… esto es así porque nuestras células siguen reclamando cortisol, y la mente responde a su demanda y nos mantiene en estado de estrés. Es por ello que decimos que se han invertido los papeles, la mente está al servicio del cuerpo. Está situación debemos revertirla cuanto antes, recuperando el control mental por encima del cuerpo, o se nos van a pasar las vacaciones sin haberlas disfrutado.

Otro efecto que tiene vivir en situación permanente de estrés moderado es que nuestra biología aprovechará cualquier momento de relajación para entrar en modo crecimiento celular, esto es, en modo reparación y reproducción. Suele sucede que cuando llega el fin de semana y nos permitimos relajarnos, aparecen una serie de sintomatologías como resfriados, gripes, agotamiento en general… es un buen indicador que debemos enfocar nuestro día a día de forma distinta, que estamos funcionando en exceso en modo beta alta, y que no le dejamos espacios de descanso mental a nuestra biología para regenerarse.

Y aquí viene otro tema interesante: ¿que entendemos por descanso mental?. Veamos lo que no es descanso mental y así quedará claro lo que sí es descanso mental. Imaginemos que tenemos que hacer 3 cosas importantes a lo largo de cada día. Esto implica que quizás tengamos que hacer 15-21 cosas importante a lo largo de una semana. Domingo noche uno empieza a hacer el listado de esas 21 tareas (que muchas veces son obligaciones autoimpuestas). Se duerme pensando en ello, y se despierta pensando en ello. Luego empieza el día, y mientras hace esas 3 cosas importante, sigue pensando en el resto de 15 obligaciones pendientes. El inconsciente no distingue entre real o virtual, con lo cual todo lo que uno piensa que tiene que hacer, cómo y cuando lo hará, para nuestra mente es como si lo estuviera haciendo realmente. Cuando finaliza el lunes, uno ha hecho esas 3 cosas importantes, más varias veces esas otras 15 tareas pendientes. En realidad uno ha consumido tanta energía como si hubiese hecho 60 tareas en un solo día. Y todo ello ha sido un consumo mental que no físico, y sabemos que el cerebro es el órgano que consume más energía… entonces… como terminamos el día: agotados! Vivir de este modo es lo contario a vivir en descanso mental. Para encontrar el descanso mental debemos centrarnos en el aquí y ahora, poner nuestra atención en el presente, hacer las cosas conscientemente y no pensar ni en el pasado ni en el futuro. Lo primero nos lleva a la depresión, lo segundo a la ansiedad. Dos caras de la misma moneda: no vivir el instante “presente”, que como su palabra indica es el mayor “regalo” de la vida. Así que hazte un regalo y vive más tu presente.

Nos queda hablar a nivel emocional del estrés. Las emociones forman parte de la psique humana, son constructos mentales que podemos experimentar de forma consciente o inconsciente. Las emociones inconscientes son las que nos interesan aquí, ya que al no poderlas reconocer, explicar y verbalizar, quedan ocultas en nuestra mente que tratará de darles otra salida, por ejemplo a través del inconsciente biológico, por ejemplo en forma de estrés, activando el eje ya mencionado: hipotálamo-hipófisis-suprarrenales.

Para entender las emociones inconsciente que hay detrás del estrés es importante retomar el concepto de “amenaza invisible”. Hoy en día el depredador no es real, el peligro no es agudo, no hay leones paseando por la calle que nos van a devorar. Sin embargo vivimos presos del miedo a múltiples situaciones irreales que nos mantienen en estado permanente de alerta. No se desactiva este sistemas de huida/lucha, llevando a nuestro organismo al desgaste vital. Estamos constantemente con el sistema de supervivencia activado, sin amenaza aparente. Y eso genera estrés crónico porque el peligro no pasa nunca y no desactivamos el sistema de defensa. El estrés crónico nos debilita, porque dejamos de producir energía vital, en lugar de vivir la vida sobrevivimos a ella.

Por otro lado consumimos mucha energía mental, al operar en beta alta, que también nos debilita y desgasta. Y finalmente el lóbulo del córtex pre-frontal, de donde salen los pensamientos consciente, está desactivado, con lo que no pensamos con claridad y perdemos inteligencia.

La emoción inconsciente que se esconde detrás del estrés es por tanto el miedo. Con el cortisol activado por el miedo, dejamos de estar presentes y no podemos ver la realidad de la situación porque dejamos de observar. El miedo nos debilita. Controlar el  miedo es recuperar el control de nuestras vidas. Para controlar el miedo debemos adoptar un rol de observador, de observador consciente de la realidad que nos rodea, para darnos cuenta que no estamos ante ninguna situación de amenaza o peligro de muerte real.

Veamos varios tipos de “depredador virtual”, de “amenaza invisible” de nuestra sociedad actual:

  • Jefe / Compañeros trabajo (competencia).
  • Esposa / Marido / Familia / Hijos.
  • El trabajo/ Dinero / Cuenta corriente.
  • Impuestos / Deudas / Bancos / Seguridad Social / Hacienda.
  • Televisión: noticias de toda índole que nos mantienen presa del miedo.
  • Terrorismo / Guerras / Suicidios.
  • Crisis económicas / Paro / Desahucios.
  • Enfermedades víricas / Pandemias mundiales.
  • Cambio climático / Calentamiento global / Sequías.
  • … … …

A todo este repertorio de amenazas, que nos llegan por los medios de comunicación, le debemos sumar nuestra capacidad de imaginación, con lo que acabamos proyectando en nuestro futuro el peor de los escenarios posibles: el futuro es negro, oscuro y peligroso, el futuro es miedo.

Qué podemos hacer?

Darnos cuenta que el peligro es un constructo mental, no es real.

Cambiar la forma de pensar, de ver las cosas. Prestar atención a las palabras que usamos, y sobre todo al dialogo interno que mantenemos con nosotros mismos.

Adoptar el rol de observador. Observar con quien nos juntamos y para hablar de que… ¿de desgracias? ¿De noticias que nos ponen enfermos? ¿De lo mal que estamos o están nuestros familiares de salud?

¿Qué tal si empezamos a vivir más desde el amor, la alegría y las emociones elevadas de gratitud, paz y benevolencia?

¿Qué tal si empezamos a realizar un poco de relajación emocional, a practicar un poco con nuestro inconsciente para liberarnos de esos miedos que están atrapados y latentes en él?

Desde Sensus Vitae te proponemos este camino como primer paso para encontrar el equilibrio emocional y paz mental en tu vida, te proponemos un conjunto de relajaciones emocionales diseñadas para tu crecimiento interior y para la toma de consciencia. Para salir de la situación de estrés permanente y empezar a disfrutar de cada instante de la vida.

Todas las situaciones que vivimos hoy en día, las vivimos como un depredador, con miedo al “que no me falte” y lo vivimos emocionalmente tan intensamente que activamos nuestro sistema biológico de huida o defensa. Así  nuestro cuerpo entiende que nos va la vida en ello y empieza a actuar en “modo supervivencia”, pero lo cierto es que no es real. No necesitamos todo ese cortisol en los músculos, ni la adrenalina en la sangre, porque no vamos a echar a correr a toda velocidad ni vamos a iniciar una batalla; entonces estos químicos se quedan estancados en nuestro cuerpo sin ser usados para lo que han sido creados. Cuando nuestras extremidades reciben estas sustancias la musculatura se prepara para trabajar, pero no hacemos nada y quedan atrapadas en los músculos y en la sangre y con el tiempo se acumulan y pueden llegar a crear enfermedades tales como la fatiga crónica, la fibromialgia, el reuma, artritis, artrosis, taquicardias, … siempre dependiendo de cómo yo lo viva.

Aprender a vivir sin miedos es por tanto, fuente de salud,

¿Y tú qué decides, sobrevivir o vivir?

Ricard Badia

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